Sustantivo

Por primera vez
alguien me dijo poeta.
Fue ella.

Ella me dijo poeta,
por hacer oraciones cortas
que se doblegan
a la voluntad de los versos.
Oraciones destrozadas,
profanadas por la cadencia,
y por mis imágenes con vida propia.

Ella me dijo poeta,
por traducir al túnel que está a punto
de ser clausurado,
y a las enredaderas y piedras
del borde con asfalto,
que siempre están ahí,
y nadie se detiene a verlas.
Ella me lo dijo
al saber que caigo en el vicio de traducir
al mundo de las palabras,
de las formas y de los moldes,
como hacen los mediocres.

Pero casi entiendo
por qué me dijo poeta.
Y es que la velocidad no siempre
se mide igual.
Ella sabe que no es ese engaño
de diferencias de espacio
atravesadas, sin excusa, por las del tiempo.
Me llama poeta porque siente
la velocidad,
desde el mismo lugar que yo.

Ella me llama poeta,
luego me siento vacío.

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