¿Para qué ir por el camino más largo?*

Imaginemos que el mundo se divide en estados nación de economías capitalistas y economías socialistas/comunistas. La distinción a lo interno del segundo grupo no resulta relevante para esta reflexión, y para abreviar solo diré socialista.

Aceptemos que todas las economías que se hacen llamar socialistas lo son realmente, y las capitalistas también son lo que dicen ser. ¿En qué se diferencian? En todas existen salarios, precios, ganancia empresarial, costos de producción, inversiones, oferta, demanda, equilibrios y desequilibrios, empleados y desempleados, etc. En eso no hay diferencia entre ellas.

Lo que las distinguen son los resultados. Un grupo reducido de países capitalistas ha logrado un mayor bienestar social (para evitar confusión, de ahora en adelante por países capitalistas me referiré solo al pequeño grupo de países capitalistas desarrollados y de alto nivel de vida). Por otro lado, los pocos países que han sido y son socialistas han logrado un menor bienestar. Esa puede ser la distinción más obvia.

Un escalón “más abajo” en la reflexión, nos lleva a que esos resultados diferentes (incluso diferentes entre los países capitalistas más avanzados y los más atrasados) depende de cómo operan, gestionan, administran y emplean esas variables a partir de las decisiones que se toman y cómo están diseñados sus espacios de toma de decisiones. Tienen resultados diferentes con ingredientes (variables), lo que los distingue es el cómo lo hacen.

Por ejemplo, en un país avanzado, el pleno empleo (o tasa baja de desempleo) se alcanza, a estas alturas, incentivando a la inversión, con énfasis en innovación (para que la inversión se base en que la competitividad permita avances y no en competencia salvaje que destruye productores), y las economías socialistas lo obtenían a partir de un decreto político (orientación) que llevaba a inflar plantillas y fomentar la improductividad. Dos formas diferentes de gestionar una variable (nivel de empleo) para el mismo horizonte (máximo de empleo posible), a partir del uso diferente de la relación inversión/empleo de trabajadores.

Otro ejemplo puede ser el manejo de la inversión. En economías capitalistas se deja esencialmente en actores privados, y su incentivo es la ganancia esperada, determinada, además, por el precio del capital (tasa de interés), y muchas otras variables. En las economías socialistas, y pensemos la Cuba de hoy, esas mismas empresas que en el capitalismo son privadas, aquí son estatales y militares, y sabemos todos que la inversión, la creación de nuevas empresas, responde a lo que se le ocurra a un selecto grupo que dirige el país. Porque, aunque sea un mecanismo oscuro, sobre el cual me atrevo a decir que hay hasta un vacío académico en cuanto a estudio y visibilización del tema, el resultado nos dice que es así.

Así podrían aparecer numerosos ejemplos, donde lo que queda es que en las economías capitalistas se hace de una forma específica y en la socialista de otra. Lo importante es saber cómo hacerlo bien, y es eso lo que se debe discutir: cómo lograr un manejo eficiente, de esas y otras variables para llegar a un horizonte concreto como sociedad.

Si la meta es un país donde el salario sea justo, donde los trabajadores tengan derechos y no estén desprotegidos, donde… y para que todo eso se logre se necesita un determinado manejo eficiente de otras variables como costos, ganancia, inversión, oferta, demanda, es decir, si de todos modos la sociedad que la mayoría quiere se sostiene sobre una gestión óptima de la economía, resulta una ruta más clara, el debatir eso directamente, en vez de debatir en términos de capitalismo y socialismo, que si se convierte en un debate aterrizado, terminará nuevamente en cómo gestionar esas variables. ¿Para qué ir por el camino más largo? ¿Para qué generar una división, en ultima instancia, menos productiva para generar un escenario ´óptimo para producir ideas útiles?

Pase lo que pase, siga lo que siga o cambie lo que cambie en Cuba, tenga el nombre que tenga, lo importante será el resultado y su impacto en las mayorías.

Siguiendo esta lógica, el uso excesivo de términos capitalismo y socialismo solo contribuye a desviar(nos) del debate sobre las problemáticas reales, fomenta la enajenación (debatir sobre la etiqueta del mecanismo y no el mecanismo propiamente) y nos convierte en carne de cañón del fuego cruzado de propagando política.

*Texto construido a partir de una intervención que realicé en el grupo de debate de Telegram “Ágora”. 1 de octubre de 2021.

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