en Notas

Lo más probable es que este país necesite un movimiento cívico, transparente, con puntos que sean comunes a la ciudadanía y no a agendas políticas, a sectas o resentidos, sino simplemente a ciudadanos que consideren necesario cambiar cuestiones específicas, concretas, sobre la base de las condiciones reales del país y de su misma ciudadanía, alejado de consignas fantasmagóricas, demagógicas y excluyentes.
Hace falta la palabra ciudadanos, donde cabemos todos, y donde también el castigo pueda ser para todos.
Tal vez no sea un presente inmediato, pero sí un horizonte real, con pasos de acercamiento perceptibles por la sociedad.Sin núcleos en liderazgos individualizados, en caprichos, en el asociacionismo que decae en burocratismos y en castas, sino con demandas concretas que aporten al bien común.
Un movimiento cívico que nadie viva de él, y donde la participación ya sea propiamente un ejercicio democrático; sin orientaciones, sin piñas, sin más existencia que los propios momentos de ejercer el derecho a manifestarse pacíficamente.

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