Excepción

Llevo dos días preguntándome
a qué juegan esos poetas
que no usan puntos ni comas.

Pienso en lo que se oculta
tras la chispa de agua
que comenzó a salir
en la losa que siempre miro.

Estoy remendando espejuelos
para transportar el ruido
que sale de ese hueco
oculto bajo la pintura
y que solo yo puedo ver.

Me florece el sudor
por la lentitud de los instantes
en que los dedos adivinan letras,
enfilándolas como legión sin historia,
contra mí.

No hubo el viaje de siempre
donde los horizontes se miden en tiempo
y las distancias son un error de muestreo.
Hoy escojo a mi víctima: la coherencia.

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