en Columna

Primero en pensar

Lamento mucho el poco debate público de corte económico. Cuatro, cinco, seis artículos, ¿diez?, no lo son. Hablo de un debate sanguinario a lo interno de un gremio y en sus círculos cercanos. Sería una forma de activismo.

El país está en una inmensa crisis, y dije inmensa porque no se me ocurre algo más terrible, ¡terrible está mejor! Veo, siento, leo, huelo, la enajenación al estar hablando de macro agregados o de cualquier aspecto relacionado con la vela del barco. Ahora mismo, la mayoría de los indicadores económicos aíslan el discurso, y el debate, se queda en la vela del barco. ¿ Y el barco? El barco es la estructuración específica de la producción ( la combinación en clave de sistema entre la matriz productiva y las importaciones).

Los equilibrios, y todo su reguero de balances macroeconómicos y equilibrios contables, coeficientes, y un largo etcétera de elementos del discurso teórico de la economía convencional y de la administración de la economía de un país, no pueden ser el fin último. El sostener estos no puede ser el fin último de una economía. 

Lograr bajos niveles de deuda, bajos déficits, no tienen mucho sentido si es a costa de una caída fuerte del poder adquisitivo, que, por demás, siempre puede devenir en la credibilidad del ejercicio político. Ni me detendré en el costo social.

La victoria económica no es en el plano de indicadores construidos sobre la idea de equilibrios generales, porque como diría Hegel: lo general no suele decir nada. Esos indicadores enajenados que construye la economía convencional son derivados de las deficiencias epistemológicas de una docena de economistas decimonónicos que, sus ideas no soportarían un round de debate con otras disciplinas, y que han sido fuertemente criticados por personas con gran capacidad, si de pensar las ciencias se trata ( Bunge es el ejemplo clásico, con sus críticas a la economía convencional). Aun cuando tales indicadores garanticen cierta operatividad económica, deben tenerse en cuenta como un modo de instrumentalizar una parte de la gestión, y no como la variable objetivo.

https://www.desdetutrinchera.com/economia-politica/aplicar-hacer-economia/

Aprendí de economistas a diferenciar una variable central de una variable objetivo, si de economía se trata. La variable objetivo debe ser, para una sociedad cuyo fin último es satisfacer las necesidades de sus ciudadanos en armonía con otras naciones y el medio ambiente (más o menos una noción de socialismo), no otra cosa que la traducción de eso a una dinámica económica. Es dar poder adquisitivo a las monedas nacionales. Lo cual no es solo poder comprar el ¿pollo, picadillo, cerdo…arroz?, como tampoco un consumismo ni mucho menos, sino un acceso y fomento de modos de producción y apropiación de la realidad del que sea parte indispensable el disfrute de la naturaleza, el acceso al arte…etc.

Ese objetivo, lleva, primero, ser declarado, y debe notarse en el discurso explícito de cualquier sistema o intento de sistema de idea planteados. No sé otros, pero yo no lo veo en la proyección económica ahora mismo del discurso oficial ni en el diferente de este. Seguimos en las ramas, apegados a modelos y enfoques derivados ( que arrastran los supuestos, como mínimo) de teorías hechas por personas que no estaban pensando ni enfrentando el mismo problema que hoy tiene la economía cubana, ni sus dinámicas, ni instituciones, ni sus sujetos, que es lo más importante a la hora de hacer ciencia social, si de objetividad se trata: la concepción de sujeto sobre la que se trabaja.

Mientras tanto, viva la enajenación, y Marx es un viejo con barba pintado, reducido a cuatro categorías y cuatro consignas de un discurso de Estado.

Y el pobre Félix que de primero nos enseñó primero en pensar, pero se nos olvidó.

Deja un comentario